Las patatas y el turismo


 
 

Lo sabemos todos, la pandemia sigue como si tal cosa y a pesar del ingente esfuerzo para vacunar que ha hecho el primer mundo los contagios están a tope de power y no se ve en un futuro inmediato que esto se vaya a terminar. Mientras esperamos que reble esta ola para quedamos a ver venir la siguiente, se celebra en Madrid la feria más importante dedicada al turismo, FITUR, en un intento de hacer como que no pasa nada y que pronto volveremos a ser lo que fuimos, especialmente en cuanto a llegada de turistas extranjeros se refiere. Desde los Reyes a los presidentes autonómicos, pasando por el gobierno central, se han dejado ver por allí.

El turismo en España es el sector que tiene más peso en la economía patria, no solo por los ingresos directos que produce (12% del PIB en 2019)  sino por todo lo que mueve indirectamente. La aparición de la pandemia afectó a las economías a nivel mundial, pero es evidente que al tratarse de un problema de salud que se ha intentado controlar restringiendo el movimiento de las personas y el contacto social, a nuestro país le ha afectado sobremanera por su dependencia del turismo interior pero sobre todo del exterior. El año 2020 fue malo, muy malo, con una caída en picado de la llegada de turistas extranjeros (19 millones vinieron en total), pero se nos anunció que el 2021 iba a ser el de la recuperación, algo que solo ha ocurrido en parte. El año pasado entraron algo más de 30 millones, lo cual animó relativamente a las empresas del sector, pero se quedó a años luz de los más de 83 millones de visitantes que hubo en 2019, último año normal hasta la fecha.

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En el año 1845 hubo una plaga de mildiu que asoló los cultivos de patata en Irlanda. La comida de los irlandeses por aquella época dependía en gran medida de ese tubérculo y esto ocasionó que un millón de personas muriesen de hambre y otras tantas emigrasen de la isla buscándose la vida. Los que quedaron allí aprendieron que no es bueno vivir de un monocultivo, porque cuando llega el puñetero phytophthora infestans y se lo pule, hace pasarlas muy canutas a mucha gente. Al turismo, que es la patata que alimenta a una buena parte de los españoles, le ha pasado algo similar, ha llegado el SARSCOV2 en forma de pandemia y lo ha dejado totalmente diezmado.

Que se celebre FITUR está bien, porque da imagen de una cierta normalidad, pero nuestras sesudas autoridades deberían ir pensando que volver a los 83 millones de turistas de 2019 no debe ser un objetivo prioritario en el que invertir una parte importante de los millones de euros que nos están llegando desde Bruselas. En primer lugar, esos miles de millones habrá que devolverlos, bien como españoles o bien como europeos, por lo que es importante invertirlos bien y con idea de futuro, no de pasado. En segundo lugar, los irlandeses siguen comiendo patatas, pero comen y producen muchas otras cosas porque desde aquella lejana hambruna vieron que habían cometido el error de ir a lo fácil, habían pensado que si costaba menos esfuerzo cultivar patatas ¿para qué complicarse la vida sembrando maíz o coles?.

La pandemia nos tiene que servir para aprender algo. No soy de los que se empeñan en decir que de cada crisis nacen nuevas oportunidades, pero al menos hay que ver las piedras en las que tropezamos para procurar evitarlas a la siguiente. El turismo es importante y conforme la pandemia se vaya pasando volverán a venir a España visitantes extranjeros a dejarse sus ahorros en vacaciones, pero cuanto menos apoyo institucional reciba y más se apoye el desarrollo de otros sectores de la economía, mejor.

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